En el centro de lo que hoy es Santiago de Querétaro existió un poblado llamado Tlachco asentado sobre el cerro del Sangremal. Los antiguos habitantes peregrinaban hasta este lugar sagrado y dejaban ofrendas para sus dioses, pidiéndoles buenas lluvias. Curiosamente, años más tarde, fue ahí, en el cerro del Sangremal, donde desembocaría el agua traída por el Acueducto.

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